Ahorrar o gastar, disfrutar hoy o esperar, pensar en el hoy o pensar en el mañana, ser derrochador o tacaño son preguntas frecuentes que nos hacemos cuando nos relacionamos con el dinero. ¿Cuál debería ser nuestra posición al respecto? Veamos dos posiciones encontradas:
Por un lado, Existen personas que creen que lo más importante es disfrutar la vida hoy y no pensar en el mañana, pues la vida es corta y hay que disfrutarla al máximo. Por esta razón, este tipo de personas les parece una tontería ahorrar, pues el dinero es para gastarlo y disfrutarlo, como premio al trabajo que les ha costado ganarlo.
En el otro extremo, hay personas que gastan muy poco y su propósito es acumular riquezas que nunca les parecen suficientes y se privan de disfrutar del fruto de su trabajo. Llevan una vida frugal y su seguridad reside en la cantidad que poseen en su cuenta de inversiones. Son personas tacañas, egoístas consigo mismas y con los demás.
Ninguno de estos extremos es saludable, pues en uno se derrocha irresponsablemente y en el otro se convierte al dinero en un ídolo.
La biblia nos enseña en Eclesiastés 4:8 Cuál debe ser la postura correcta a la hora de relacionarnos con el dinero. Veamos:
“Vi a un hombre solitario, sin hijos ni hermanos, y que nunca dejaba de afanarse; ¡jamás le parecían demasiadas sus riquezas! «¿Para quién trabajo tanto, y me abstengo de las cosas buenas?», se preguntó. ¡También esto es absurdo, y una penosa tarea!” – Eclesiastés 4:8 NVI –
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¿Qué podemos aprender de este pasaje?
- El dinero es una herramienta a nuestra disposición, no el fin último ni el propósito de nuestra vida. A veces caemos en la trampa de descuidar a quienes amamos por el afán de acumular riquezas. Pasamos más tiempo trabajando que disfrutando con nuestra familia. ¡De nada nos servirán las riquezas, si no tenemos con quién compartirlas!
- La avaricia y el afán por querer cada vez más es una actitud que lleva a endiosar al dinero quitando a Dios en el corazón de las personas. Conozco alguien que tiene mucho dinero quien posee un exitoso negocio de maderas. Ella se encuentra enferma de los pulmones a causa del aserrín que durante años ha inhalado y le han recomendado dejar el negocio por salud, pero ella no ha querido dejarlo quizás por el afán de ganar más dinero. Esto es realmente triste. Tener más dinero no nos va a dar más salud ni nos va a ser más felices.
- El deseo de Dios es que disfrutemos del fruto de nuestro trabajo, es decir, que después de trabajar y ahorrar diligentemente, podamos disfrutar de las cosas buenas que ofrece la vida.
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Disfrutar de la vida y de nuestro trabajo es algo que sólo nos concede Dios. Son dos cosas que van de la mano y se complementan la una con la otra. No podemos sólo trabajar sin disfrutar de la vida y tampoco merecemos disfrutar de la vida sin trabajar con diligencia. Por eso dice en Eclesiastés 2:
“Nada hay mejor para el hombre que comer y beber, y llegar a disfrutar su trabajo. He visto que también esto proviene de Dios, porque ¿quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios?” – Eclesiastés 2:24-25 NVI –
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